Villa del Dique. El instituto de nivel medio Fray Mamerto Esquiú, de Villa del Dique, fue noticia hace cinco años por haber inventado un sistema de sanción disciplinario diferente al oficial e instituido. Ante los casos de violencia de las últimas semanas, vale la pena conocer qué tal les va a las escuelas que buscan alternativas para mejorar la convivencia. A la Esquiú no le ha ido mal.
Hoy, los 300 adolescentes que asisten al único secundario de Villa del Dique ya casi no recuerdan las amonestaciones. En la escuela se rigen por la “credibilidad” del alumno, que baja y sube de acuerdo a sus malas o buenas acciones.
“No sólo continúa vigente, sino que seguimos trabajando para profundizar esa línea. Es un proyecto que desde 2004 se va renovando año tras año”, apuntó Norma Castagno, una de las impulsoras de la iniciativa y actual directora de la escuela, a La Voz del Interior.
Castagno admitió que costó que la comunidad educativa internalizara la nueva modalidad, pero que lo consiguieron. Hoy ya es aceptada por todos. “Logramos una convivencia más armónica, sentimos que los problemas se pueden resolver de una mejor manera y que trabajamos en un ambiente más agradable para todo el mundo”, señaló.
Con la participación del docente y psicólogo Miguel Rivarola se ideó años atrás este esquema, que no se copió de ningún caso conocido. Con el tiempo, se fueron introduciendo modificaciones que lo agilizaron (como los “consejos de aulas”), aunque el espíritu con el que nació permanece firme: que la disciplina sea también un momento educativo.
Al contrario de la amonestación, considerada como “una sanción por la sanción misma”, en este colegio proponen educar también en esta instancia para lograr un cambio de actitud.
La lección de los créditos. La base del sistema es la credibilidad del alumno, que se corresponde con la confianza que la institución deposita en él. Cada chico comienza su año lectivo con un 100 por ciento de credibilidad, traducida en créditos, que se van perdiendo con acciones negativas, pero que a su vez se pueden recuperar con buenas actitudes.
La pérdida de créditos puede representar para el alumno perderse una competencia intercolegial deportiva o artística o quedarse sin un viaje educativo. “Perder créditos significa que la escuela perdió la confianza en ese chico, pero que podrá recuperarla”, explicó la directora.
El sistema se fue perfeccionando y sumó la figura de los “consejos de aulas”, integrados por delegados de alumnos, el preceptor del curso y dos consejeros profesores. Esa primera instancia se reúne cada 15 días para analizar distintas situaciones. Los casos que no pueden ser resueltos en ese nivel, pasan a consideración del “consejo general”, ya con representantes de todos los cursos, preceptores y profesores. Este órgano es el encargado de quitar y restituir los créditos.
Los alumnos delegados son elegidos por sus compañeros y deben conservar el 100 por ciento de credibilidad para el cargo.
Los códigos del sistema ya están enraizados en la cultura de la institución educativa. De hecho, el proyecto se puso en marcha cuando muchos de los actuales alumnos recién ingresaban. Ellos lo conocen desde hace años.
“Lo vamos mejorando cada vez que podemos, porque es una creación totalmente nuestra. Y se escucha mucho lo que opinan y proponen los chicos”, señaló la directora.
Ya sin horas de cátedra a cargo y desde un espacio directivo, Castagno –que fue una de las creadoras del sistema cuando era docente– tiene más tiempo y poder de convocatoria para seguir afianzando este novedoso sistema, del que, asegura, se sienten orgullosos en el colegio.
Alguna amonestación. Pese a que ya casi no se acude a la amonestación para sancionar, ese método continúa siendo, como para cualquier colegio, el “sistema legal vigente”. En el Esquiú, sólo se aplican si el estudiante se encuentra en una “situación extrema”, es decir en casos muy excepcionales y casi inexistentes en la realidad, en los que el sistema de “créditos” no serviría.
“Sólo se usa si el alumno ha bajado muchísimo sus créditos y por alguna acción grave termina siendo amonestado, pero son casos extremos y que se utilizan cuando se han agotado antes muchas otras alternativas”, precisó la directora.
Ese sistema vigente de las amonestaciones –recordó Castagno– puede llegar a la “exclusión del alumno”. Todo lo contrario se busca con la credibilidad.
Mientras, docentes de la escuela consultados afirmaron que no se registran casos graves de violencia o agresión y coinciden en elogiar el método. Analizan a la vez que la posibilidad que tienen los alumnos de expresarse, dialogar y manifestar sus inquietudes es un elemento que baja el índice de violencia.
Los chicos, a su vez, destacan la posibilidad de participar que les brinda el colegio con este sistema, a través de los “consejos de aula” y del “consejo general”.
Trascripta de una nota de Carina Mongi para la Voz del Interior
Etiquetas: convivencia escolar, mediación escolar
28 Septiembre, 2009 a las 10:49 pm
Muy bueno ojala en el CPEM Nº 35 de un pueblo de Neuquen lo aplicaran asi los chicos y chicas se sentirian parte de esa nefasta institucion
28 Septiembre, 2009 a las 10:51 pm
ya lo dije